Cacicazgos

Libre Albedrío

Hay que disolver los cacicazgos políticos, me dijo Porfirio Muñoz en una entrevista este fin de semana. Hablábamos de la intensidad con la que el grupo de Morena que encabeza Higinio Martínez ha promovido la candidatura de Mario Delgado para la dirigencia nacional de su partido.

Cuando uno se mueve por las calles y avenidas del oriente mexiquense, es imposible ignorar las pintas de bardas que saltan el encuentro en cada esquina con esta propaganda y, por lo pronto, uno se pregunta a quién se le deben y con qué recursos.

Dado que ese partido político está sin estructura ni dirigencia, uno puede deducir que no es cosa de Morena mexiquense, sino de los “grupos”, los que antes llamaban tribus en el PRD y sectores en el PRI. Desde allá vienen muchos de los liderazgos lopezobradoristas y ni cómo reclamarles un oscuro pasado si en esos entonces no había más que esos modos de hacer política en México.

Lo que sí está para recriminar y en serio, es que sigan con las mismas prácticas, que pareciera es lo que le llevaron a Morena como herencia de esa larguísima historia.

Higinio Martínez, por ejemplo, ya fue candidato a gobernador por el PRD hace años, cuando compitió y perdió frente a Arturo Montiel. José Luis Durán era entonces el candidato del PAN y fue quien estuvo a punto de ganarle la batalla al tricolor. El sol Azteca y su candidato quedaron muy por debajo en tercer lugar. Eran tiempos en los que la esperanza de la alternancia era azul, impulsada por la popularidad del entonces aspirante presidencial Vicente Fox. Esa ola arrastró en las locales a la mayoría de los municipios del Valle de México, que se convirtieron en el emblemático corredor azul.

Entonces, Arturo Montiel se llevó el triunfo apenas con el 42.44 por ciento de la votación, fue considerada la elección más competitiva de la entidad -hasta la de Alfredo del Mazo-.

El PAN se le acercó con un histórico 35.46 por ciento. Higinio Martínez los vio pasar con el 22 por ciento.

Ya había sido alcalde de Texcoco y luego fue diputado local, con eso le alcanzó para ser candidato a la gubernatura. Ahora ya ha sido dos veces edil y dos legislador local, ya es senador y es uno de los más fuertes liderazgos de Morena en la entidad.

Desde el Senado busca ser el candidato a gobernador por Morena en tres años y desde ya está decidido a establecer sus huestes a lo largo y ancho del Estado de México para preparar ese camino, cosa no tan difícil en las condiciones que su partido tiene actualmente, bien dicen que a río revuelto…

Es claro que su apoyo está con Mario Delgado, las calles del oriente mexiquense dan fe de ello.

También de la forma en la que se ha apoderado de su partido en el Estado de México, aprovechando que a ese instituto político le faltan pies y cabeza.

Hace un par de meses, incluso, se apersonó en el Congreso Mexiquense para anunciar desde ahí que promovería una reforma de ley para disminuir el número de integrantes de los cabildos mexiquenses y otra para crear una nueva constitución para nuestra entidad. Según sus cuentas, con eso ayudará a resolver los problemas graves de este estado: la corrupción, la pobreza, la inseguridad. La primera ha sido ya aprobada en el Congreso mexiquense y la segunda está en proceso.

Evidentemente era una forma de anunciar que es el “mandamás” y es ahí donde pensamos en los cacicazgos de los que habla Muñoz Ledo.

Es claro que en un partido hacen falta liderazgos y, desde luego, deben fortalecerse y aprovecharse. Generar cuadros es uno de los más grandes retos de un partido, porque la formación a partir de determinados ideales y reglas no suele ser sencillo, pero es necesario, o de lo contrario dependen de los viejos rostros que se vuelven caciques, figuras emblemáticas que luego no resisten el contraste con la realidad.

Lo que requiere nuestra política es moverse hacia instituciones firmes, con estructura real, donde las decisiones como la designación de las candidaturas se tomen mediante procesos previamente definidos en conjunto, que permitan la competencia sana y luego convoquen a la unidad.

Sin embargo, en Morena le apuestan aún a la ley del más fuerte, donde gana el que arrebata.

Ese tipo de liderazgos que prefieren el desorden disfrazado de libertad y democracia, porque es más fácil conseguir sus propósitos de esa manera que construir una institución donde haya reglas claras y todos deban respetarlas.

Puede ser que Higinio Martínez logre ser el candidato a la gubernatura mexiquense y hasta tiene muchas probabilidades de ser el próximo mandatario estatal, pero lo hará a costa de su propio partido, pues está perdiendo la oportunidad de ayudarlo a construir un futuro con certidumbre.

Él sabe que esta es su oportunidad, está decidido a aprovecharla y en esa carrera por alcanzar sus intereses personales está sacrificando un bien mayor, que es la construcción de un Morena fuerte, que no dependa del arrastre de un personaje carismático, sino que se consolide como una oferta política real que sirva a los mexiquenses. Parece que de su pasado político nada aprendió.