¿Cómo nos irá al regreso de las vacaciones?

Diálogo en silencio

Por segundo año consecutivo estamos inmersos en una festividad de Semana Santa distinta a las que estábamos acostumbrados. La pandemia vino a modificar absolutamente todo y ahora lo vemos y padecemos; aunque quizá no aprendemos de una realidad dolorosa que nos ha tocado vivir.

Por desgracia, la aparición reciente del virus (poco más de un año), aún no termina de enseñarnos la dura lección que representa el Covid-19, que en nuestro país, de acuerdo con las cifras oficiales, ha cobrado la vida de más de 202 mil mexicanos.

Basta con ver las imágenes del aeropuerto en la Ciudad de México, abarrotado de paseantes; las playas comenzando a poblarse o las salidas de vehículos por las principales carreteras para darnos cuenta de que los mexicanos somos demasiado echados para adelante para aprovechar el periodo vacacional.

Dos son las festividades más importantes en un país como el nuestro con una profunda fe religiosa: La Navidad y la Semana Santa, que sirven de pretexto para salir y pasar un rato de esparcimiento con la familia o los amigos.

Por el lado religioso, la Iglesia atenderá nuevamente medidas para evitar concentraciones.

Para este año el Vaticano recomendó volver a cumplir con el decreto emitido por el Santo Padre el 25 de marzo de 2020. Ahí se establece que en aquellos países afectados por el coronavirus los obispos y presbíteros deben celebrar los ritos de la Semana Santa sin la presencia del pueblo y en un lugar adecuado, evitando la concelebración y omitiendo el saludo de la paz.

El jueves Santo de nueva cuenta se omitirá el lavatorio de pies y en nuestro país no veremos por segundo año consecutivo las representaciones multitudinarias en lugares como en Iztapalapa en la ciudad de México o en puntos simbólicos del Estado de México como Tenango del Valle, Ocoyoacac o en el santuario del Señor de Chalma.

Pero al margen de la festividad religiosa, los mexicanos somos muy dados a aprovechar estos días para salir.

Aunque prevalece el temor fundado por una tercera ola de contagios, pareciera que no ha calado en miles de mexicanos que ya están disfrutando del asueto.

Mientras, en otras partes del mundo se presentan ejemplos que pueden catalogarse como drásticos, pero los aplican pensando en reducir el número de contagios. Ejemplo de ello es Sevilla en España, región muy concurrida de manera tradicional en Semana Santa, en donde se determinaron cierres perimetrales de la región, nadie entra y nadie sale entre el 19 de marzo y el 9 de abril; además de toque de queda de las 23 horas a las seis de la mañana del día siguiente y reuniones sociales con un máximo de seis personas.

Pero hay que recordar que en México está “prohibido prohibir”.

No se trata de paralizar la economía; el turismo del que viven familias de mexicanos, pero el tiempo permitirá hacer la evaluación correspondiente.

Sabremos en unos días más con la escalofriante cifra de contagios si aprendimos o no la lección en esta nueva realidad de la pandemia.

Tenemos que adaptarnos prudentemente a estas circunstancias. Ese es nuestro destino hasta en tanto no se pueda lograr una mayor vacunación.

No es tenerle miedo al virus, pero sí demasiado respeto y no relajar las medidas higiénicas.

A cuidarse que esto es serio.

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