Concursos del INE para los OPLEs, agotados

Observatorio electoral

Gabriel Corona Armenta

El 16 de abril pasado fue un parteaguas en los concursos de selección de consejeros, realizados desde 2014, cuando se quitó a las legislaturas locales esa facultad y se le dio al consejo general del INE. Ese día, por razones políticas no se logró la mayoría calificada para designar presidenta del IEEM a Vanessa González. Esto hizo evidente que los procesos de selección están muy partidizados y es necesario repensarlos.

Esta situación se generó porque desde el primer concurso, los consejeros del INE, especialmente Marco Baños y su grupo, privilegiaron a los aspirantes cercanos a los partidos, especialmente al PRI, para integrar los consejos generales de los llamados Organismos Públicos Locales Electorales (OPLEs).

Esto hizo que los gobiernos estatales y los partidos siguieran interviniendo en las designaciones. Se llegó al grado que se designó consejero del IEEM a un ex representante panista ante ese mismo órgano, Miguel Á. García. Este no fue un hecho aislado. Hubo casos parecidos en otras entidades, donde ex funcionarios públicos y militantes partidistas también llegaron a ser consejeros.

Desde entonces, una vez superado el examen (presuntamente también filtrados a ciertas personas) y el ensayo, las designaciones se han convertido en un proceso opaco: aparte de aceptar recomendados de gobiernos y partidos, los consejeros han votado por personas con las que han tenido vínculos laborales o personales, sin excusarse; incluso han cabildeado para designarlas, sin importarles las prohibiciones legales existentes.

Los consejeros del INE han privilegiado el nombramiento de amigos, colaboradores y recomendados, por encima del mérito. Han ignorado el esfuerzo de otros participantes, cuyos conocimientos, experiencia profesional, competencias, capacidades y habilidades han sido borrados. Para ocultarlo, los resultados de la valoración curricular y la entrevista de los no designados nunca se han publicado.

Se ha dado el caso de consejeros del INE que han querido cobrar la designación a sus homólogos de los OPLEs, consiguiendo cargos para ex colaboradores. Además, también han hecho una interpretación arbitraria de la paridad de género, sin justificar debidamente su aplicación en todos los casos, incluso empleándola para favorecer a personas cercanas a ellos, a pesar de contar con mínima preparación profesional y escasa experiencia en la materia electoral. Tal vez el IEEM sea el mejor ejemplo de esta interpretación interesada.

Estos hechos han generado que el perfil de aspirantes a esos cargos baje cada vez más. Quienes tienen mayores méritos ya no quieren participar en concursos que han dejado muchas dudas sobre sus resultados, desde 2014 hasta la fecha. Sin embargo, a pesar de que todavía no han sido esclarecidas las razones para declarar desierto el concurso anterior, ya se publicó una nueva convocatoria para presidir el IEEM, que ahora será mixta, aunque la última resolución sobre el OPLE de Chihuahua tal vez obligue al INE a designar una mujer.

Esto genera incertidumbre. Probablemente muchos aspirantes que participaron en las entrevistas del concurso anterior, esta vez desistan; decepcionados por la opacidad de los procesos. Al parecer el mecanismo se agotó, aunque el INE no lo quiera ver. Los concursos han permitido la injerencia del gobierno estatal en la designación de los consejeros del IEEM. No han fortalecido su autonomía. Han fracasado porque su diseño impide que se capte a perfiles más independientes.

NEL

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