Crisis Migratoria

La crisis migratoria que se padece en nuestros tiempos deja una huella de abuso y maltrato; cala hondo y no se observa una solución en el corto plazo. Testimonios e imágenes, así lo acreditan.

Nadie duda que la pandemia del Covid-19 trajo consigo consecuencias paralelas adversas, principalmente en el terreno económico, generando recesiones en economías de países en vías de desarrollo como los centroamericanos, que ocasionaron pérdidas de empleo.

Por ello la pandemia y crisis económica son causas que han orillado a miles de personas a dejar sus lugares de origen y emigrar. A estos factores también se puede sumar la violencia que viven en sus comunidades.

Hay regiones geográficas en el mundo que atraen la atención por el fenómeno migratorio.

Por ejemplo: Melilla y Ceuta son dos ciudades españolas que se ubican en el norte de África, colindan con Marruecos y se constituyen como el único punto de entrada terrestre a Europa y paso obligado de migrantes africanos.

Nuestra vecindad con Estados Unidos obliga el desplazamiento por nuestro país a quienes desde Centroamérica desean llegar a la Unión Americana en busca de una mejor condición de vida. Una frontera de más de tres mil 200 kilómetros ensancha la posibilidad del cruce.

Los especialistas en temas migratorios coinciden en que es a partir de 2018 cuando se intensifican los desplazamientos colectivos irregulares en caravanas que intentan ingresar por el sur de la república, avanzar e intentar cruzar la frontera norte.

Estas situaciones han ocasionado abusos a los migrantes, aún por las propias fuerzas de seguridad y se agrega un factor peligroso para su integridad: el acecho de grupos de delincuencia organizada que pueden ver a esas masas indefensas como carne de cultivo para sus actividades ilícitas.

Conflictos bélicos en países como Guatemala y El Salvador en los años 80 o desastres naturales como el terremoto de El Salvador en 2001 o el huracán Mitch en Honduras en 1998 propiciaron los éxodos.

A pesar de endurecer las medidas para detener esas caravanas, como ha ocurrido en Chiapas con la Guardia Nacional con funciones de control migratorio o la Patrulla Fronteriza en Texas, esto no hace mella y la situación continúa.

De manera paralela crecen las solicitudes de asilo en nuestro país.

Cifras de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) del gobierno de México indican que en el año 2019 se registraron 70 mil 423 solicitudes; mientras que en el 2020 la cifra descendió a 41 mil 155, pero hasta el mes de agosto de este año el número crece para llegar a 77 mil 559 solicitudes.

En este año, el top 10 de solicitudes lo encabezan personas con nacionalidad hondureña, con cerca de 27 mil; haitiana con 18 mil 883; cubana con siete mil 375; el resto provienen de países como El Salvador, Venezuela, Guatemala, Chile, Nicaragua, Brasil y Colombia.

Coincidentemente ocho de cada diez integrantes de caravanas provienen de Honduras.

La solución al tema migratorio no se avizora en el corto plazo, a pesar de lo dramático que resulta ver la situación que padecen quienes de manera irregular se lanzan a esta aventura por conquistar el sueño americano.

@periodistamex

ASME

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