Arte y Cultura

La OFiT cumplió su temporada en medio de la pandemia con ensayos en casa

Se activaron protocolos de seguridad específicos para cada músico

Tras el cierre de temporada de la Orquesta Filarmónica de Toluca (OFiT), el director Gerardo Urbán y Fernández se mostró más que satisfecho por el repertorio que ofrecieron y porque no hubo contagios de los integrantes. Pero, ¿cómo lograron montar las nueve Sinfonías de Beethoven? él mismo nos lo cuenta.

Entre septiembre y diciembre la OFiT tocó las nueve sinfonías de Beethoven, Gerardo Urbán buscó que la orquesta no perdiera su esencia, y las composiciones del músico alemán se preservaron pese a las dificultades.

“Beethoven fue de alguna manera el padre de la orquesta, de que hoy existen como las conocemos. Cómo celebrar al padre del sinfonismo, tocando algo para piano, no tiene sentido para una orquesta, no podíamos ir contra la propia naturaleza”, aseguró.

Durante mayo, junio y julio cada integrante ensayó en su casa y le mandaban el video al director, quien revisó cada entrega de los más de 80 músicos que conforman la orquesta, con una duración de cuatro horas cada uno.

“La orquesta empezó a trabajar seriamente y en el entendido que independientemente de que estuviéramos en casa, nosotros teníamos que seguir preparándonos para los conciertos que venían, aunque no sabíamos cuándo sería”, explicó.

En agosto dieron un concierto en la catedral de Toluca en memoria de las víctimas del Covid-19, lo que le permitió darse cuenta que con un sistema de ensayos de rotación, se podía tener la preparación de la orquesta.

“Vimos de acuerdo a lo que nos indicaba Protección Civil, si seguíamos las medidas de seguridad y se hacían protocolos específicos precisamente para la orquesta, los cuales fueron muy rigurosos para cada músico, los riesgos de que la OfiT se pudiera convertir en una fuente de contagio eran bajos”, recordó.

Y añadió: “No era necesario tener a los 80 músicos en el Teatro Morelos ensayando al mismo tiempo, se generó una rotación en los cuales teníamos en el espacio el número máximo permitido de personas, además quitamos la concha roja que solíamos usar”.

El maestro reconoció que fue complicado acostumbrarse a no tener al público y ser ovacionados al concluir las presentaciones, por lo que en momentos fue incluso triste, no había interacción y no se sentía la energía del público.

ASME

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