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Miedo y frustración invaden a enfermeros y enfermeras

Nunca imaginó enfrentarse a una emergencia sanitaria como la que se vive actualmente y menos que perdería a su padre a consecuencia de esto

Gustavo es un joven de 29 años de edad, enfermero de profesión y hace apenas un par de años salió de la escuela sin imaginar que su labor iba a ser fundamental para ayudar a salvar vidas durante una pandemia.

Desde hace ocho meses empezó a trabajar en el Hospital de la Zona Militar número 22 ubicada en Santa María Rayón, y fue ahí cuando empezó a aprender aún más, pues aunque anteriormente ya había adquirido experiencia en el Centro Oncológico del ISSEMyM, ha sido en el Hospital Militar donde ha dado la batalla en la primera línea de combate ante el Covid-19.

Al ser un virus nuevo ha tenido que aprender con base en la experiencia, aprender rápido, practicar, soportar el uso del traje que causa que sudes mucho, que te quema la piel, que tienes que aguantar calor, ganas de ir al baño, comezón y cosas que parecieran tan comunes, pero que no puedes hacer tan fácil con el equipo puesto.

Además, se tiene que aprender a hacer equipo, dijo, se debe apoyar con fortaleza, empatía y trabajo arduo que es la única forma de enfrentar tantas emociones y sentimientos encontrados pues aunque pareciera que no, también a los enfermeros y las enfermeras les afecta ver tantos pacientes, muchos de ellos graves, fallecidos y la impotencia se apodera de ellos.

“Son muchos sentimientos y aunque en la escuela te enseñan a lidiar con la muerte, en esta pandemia llega un momento en el que te doblas, porque somos seres humanos y necesitamos ayuda también”.

En este hospital, también dan apoyo psicológico al personal médico que lo requiera, reconoció, porque este virus afecta a todos y estar en la primera línea también pone en riesgo la vida tanto del personal como de la familia, además ves cómo gente cercana está falleciendo sin que se pueda hacer mucho al respecto.

“Yo fui contagiado y ese es un riesgo que asumes desde que entras a zona Covid, cualquier descuido, la carga viral, algún defecto en las mascarillas… son muchas las causas que pueden terminar en esto por más que te cuides”.

Después de cinco meses de no registrar casos de contagio dentro de su grupo de trabajo, empezaron a contraer el virus médicos, enfermeros y enfermeras. También Gustavo fue diagnosticado positivo en noviembre pasado.

“Yo agradezco a Dios haberla librado porque mi salud si se vio mermada fuertemente, mis pulmones estaban realmente afectados, pero lo que en verdad ha sido el golpe más duro fue que después, mi papá, mi hermana y mi abuelita también fueron contagiados… mi papá perdió la lucha rapidísimo. Mi hermana y mi abuelita se recuperaron, pero perdí a mi papá”.

Ahora, Gustavo agradece cada día seguir con vida y aún tener a parte de su familia con él, aunque su corazón continúa triste, pues la persona que más lo apoyó para ser enfermero fue su papá, así que todos los días acude al trabajo tratando de ayudar a salvar vidas, la vida de un padre, una madre, un hijo, un hermano, una abuela o cualquier persona que lo requiera.

“Ahora más que nunca sé que si volviera a tener la oportunidad de elegir, lo haría igual, volvería a estudiar enfermería, porque esto es lo que hago y es lo que me gusta, lo que disfruto”.

Reconoció que su labor con los pacientes no sólo es médica, sino también son su única compañía en su estancia en zonas Covid, pues los doctores están pendientes, pero quienes son compañía y apoyo son los enfermeros y enfermeras que son quienes más contacto tienen con ellos y deben saber reaccionar de manera adecuada en caso de alguna complicación para dar la información precisa a los médicos y que puedan actuar en consecuencia.

Aunque parezca repetitivo, de verdad el personal de salud ya está agotado tanto física como emocionalmente, resaltó, no es fácil ver como la gente padece este virus, muchos de ellos pierden la batalla y por más que se quiera, no hay forma de ayudar, porque en ocasiones esperan demasiado para ir al médico o a un hospital por creer que acudir a ellos es sentencia de muerte y no es así, sólo que cuando el virus ya está muy avanzado poco se puede hacer al respecto y eso deja una sensación de impotencia, miedo, incertidumbre y tristeza, finalizó.

ASME

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