Opinión

Sin titubeos

Semáforo rojo... ¿y luego?

Muy a su pesar, la Secretaría de Salud federal tuvo que reconocer que estamos ante un segundo rebrote de Covid-19. El viernes el gobernador Alfredo Del Mazo Maza; la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, y el subsecretario de Salud, Hugo López Gatell, ofrecieron una conferencia de prensa para anunciar el retorno de ambas entidades al semáforo epidemiológico rojo.

Esto, luego de que registraran un incremento de 40 por ciento en la ocupación hospitalaria, por lo que se suspendieron actividades económicas no esenciales hasta el 10 de enero.

Al respecto, al presidente Andrés Manuel López Obrador aseguró: “ha sido terrible enfrentar esta pandemia, pero vamos saliendo, ahora se tuvo que decidir por los médicos, declarar en semáforo rojo la Ciudad de México, por el número de contagios y para evitar que nos rebasara la pandemia”.

Tanto Del Mazo como Sheinbaum dijeron que en ambas entidades la ocupación de camas de hospital estaba en 75 por ciento, pero la realidad es que están rebasados todos los hospitales, sobre todo aquellos destinados para la atención de pacientes Covid.

En esta semana hemos visto casos dramáticos, llamados de médicos que piden a la población cuidarse, quedarse en casa, a no arriesgarse y todo eso, porque también el personal de los hospitales entró en pánico, en estado de angustia porque no hay ya espacios donde colocar a los pacientes. No hay insumos, no hay equipos, no hay material y eso no lo ve la sociedad.

De manera paralela, el retorno al semáforo rojo trae de nueva cuenta la parálisis de la economía, sobre todo del sector comercio. Por eso el presidente de la Unión de Industriales, Francisco Cuevas Dobarganes, pidió que se definan las restricciones y giros esenciales que podrán operar en esta etapa de la pandemia.

Y es que hay que recordar que en marzo y abril sólo podían operar empresas relacionadas con alimentos y medicinas, pero fueron incrementando los giros como los de la construcción, minas y la industria automotriz, para más tarde permitir la operación de restaurantes, comercios de barrio y otros.

Este domingo, la jefa de gobierno de la Ciudad de México admitió que el semáforo rojo podría extenderse más allá del 10 de enero. “En este momento el objetivo es llegar a 7 mil camas disponibles y 9 mil camas con el Estado de México”.

Y reiteró el llamado a la población para que se quede en casa, para que no salgan más que para las actividades cotidianas. Pero la gente no le hace caso. Se hicieron virales varias fotografías del centro histórico de la Ciudad de México donde se ven aglomeraciones impresionantes, personas en las calles, de compras. El video de Calle Madero, el último paseo del año, es imperdible (se puede ver en Twitter o en Youtbe). Eso es lo que se provoca no cuidarse, cierre de negocios que afecta severamente a quienes viven de ello.

Quizá vayamos a tener que adoptar la sugerencia del alcalde toluqueño, Juan Rodolfo Sánchez Gómez, para no salir de casa después de las ocho de la noche y para vigilar las calles con la Guardia Nacional para evitar que eso suceda. Vaya, como si estuviéramos en un toque de queda, porque la gente no entiende. El problema es que, de continuar con esta actividad social, a mediados de enero las consecuencias serán funestas.

Y para que nos demos cuenta que este asunto todavía tiene mucho de recorrido, hay que voltear la cara a Inglaterra, país que fue vetado por otras naciones como Francia, Bélgica, Países Bajos e Irlanda, que ya no permiten vuelos hacía, ni provenientes de la capital del Reino Unido porque se detectó una nueva cepa de Covid-19 en territorio británico.

Toda la zona sur de Inglaterra regresó al semáforo rojo, lo que implica el cierre de tiendas y empresas no esenciales. La nueva cepa del virus acelera hasta 70 por ciento más la transmisión del virus y parece responsable del aumento de los contagios.

En México, y concretamente en la entidad mexiquense, podemos evitar llegar a esos niveles de pánico si seguimos responsablemente las medidas de protección y prevención. ¡No salgamos de casa!

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